Ciertamente Madona es mucha Madona por donde vaya, pero no sé que le pasó esta vez.
Empezando por el retraso en iniciar el concierto, Paul O. no llenó sino escasa media hora de buena vibra y realmente logró poner a bailar a todo público presente, pero luego de finalizar hubo un vacío de casi dos horas antes de que nuestra estrella saliera a premiarnos con su presencia. Eso hizo que con la misma intensidad que subió la adrenalina, bajara de sopetón y se estrellara en el suelo haciendo se esa espera casi una tortura.
Ya de por si, tras ese inicio, a Madona le costó lo suyo volver a subir los ánimos desde menos cero!
Luego, acostumbrado siempre a ver a una mujer llena de vitalidad, movimiento, luz y sonido, sin embargo esta vez sólo destacó la diva en pavonearse con una guitarra con aspecto de "bad girl" rockera que a mi parecer, una o dos (o tres si se quiere) podía pasar como una innovación exitante en su repertorio, pero abusó en demasía del elemento hasta cansar.
Luego, hubo algunos "extras" en el escenario que no terminaban de encajar en lo que parecía ser el concepto del concierto.
Debo hacer justicia y decir que hubo grandes momentos estelares como el del piano con la proyección circular entre otros.
También los bailarines se destacaron en sus actuaciones. Me atrevo a decir que, en mi opinión, hubo un gran problema de asesoramiento en imagen, porque seamos sinceros, ningún artista sale al escenario sin tener pautada cada respiración...
Entiendo que la "poca" asistencia (lo digo acotado ya que no fue un lleno) no es precisamente un estimulante para un artista, y más uno de su talla, pero para quienes asistimos siempre quedó ese sinsabor de boca de que algo faltaba.